De la cuarentena al aislamiento internacional: La ruptura con la OMS .

El brote de hantavirus volvió a poner en discusión la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsada por Javier Milei. Mientras el Gobierno defiende la decisión y cuestiona el rol que tuvo el organismo durante la pandemia, reaparecen las dudas sobre cómo el COVID cambió la relación de gran parte de la sociedad con la salud pública, los expertos y los organismos internacionales. Una desconfianza que comenzó durante la cuarentena y que años después terminó teniendo nuevamente consecuencias políticas.

Aquel 20 de marzo de 2020 era difícil encontrar a alguien que cuestionara las medidas sanitarias impulsadas por el entonces gobierno de Alberto Fernández. Frente a una nueva y en gran parte desconocida pandemia, casi toda la sociedad argentina apoyó el ASPO -el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio- como una forma necesaria de proteger el sistema sanitario y evitar una crisis mayor.

Pero para noviembre de ese mismo año el clima social ya era muy distinto. La extensión de una de las cuarentenas más largas del mundo, sumada al impacto económico, el cierre de comercios y el desgaste emocional que dejó el encierro, empezó a generar desconfianza en ciertos sectores políticos y sociales. 

Con el paso de los meses, el rechazo a las restricciones sanitarias empezó a convertirse en algo más grande que una simple crítica a la cuarentena. Para algunos en la oposición al entonces gobierno, esto les generó una fuerte desconfianza hacia el Estado, los expertos y los organismos internacionales que habían respaldado muchas de las medidas tomadas durante la pandemia. 

Para parte de esos sectores, la OMS representaba los excesos del COVID 19: cuarentenas largas, restricciones a la circulación y decisiones que, según sus críticos, terminaron afectando libertades individuales y agravando la crisis económica.

Estas posturas se vieron muy reflejadas en Javier Milei, quien ya durante la pandemia había sido uno de los críticos de la cuarentena y las restricciones sanitarias. Por lo que era de esperar que su presidencia fuera la que tomará acciones al respecto. 

Es en ese contexto en el que, el 5 de febrero de 2025, su gobierno anunció la salida de Argentina de la OMS, argumentando que el organismo tuvo un rol “nefasto” durante la pandemia y cuestionando sus recomendaciones sanitarias. Desde Casa Rosada también defendieron la medida como una decisión vinculada a la soberanía nacional y al rechazo de la “interferencia” de organismos internacionales en las políticas internas del país.

La decisión generó críticas de especialistas y referentes del área sanitaria, que advirtieron sobre el impacto que podría tener abandonar espacios de cooperación internacional. Entre otras cosas, señalaron la importancia de la OMS en el intercambio de información epidemiológica, la coordinación frente a emergencias sanitarias y el acceso a programas internacionales de salud.

El debate volvió a instalarse en las últimas semanas tras el brote de hantavirus detectado en un crucero que había partido desde Ushuaia y que ya provocó varias muertes. Frente a esto, la OMS volvió a pedir tanto a Argentina como a Estados Unidos que reconsideren su salida del organismo, remarcando la importancia de la cooperación internacional frente a brotes epidemiológicos. 

La respuesta del Gobierno fue inmediata: desde Casa Rosada aseguraron que Argentina tiene capacidad para responder y controlar este tipo de situaciones sanitarias por cuenta propia, y acusaron a la OMS de intentar utilizar políticamente el brote para presionar a países que decidieron alejarse de la institución. En la misma línea, el ministro de Salud, Mario Lugones, afirmó que el país tiene “capacidad sanitaria, técnica y decisión política para proteger la salud de la población” y sostuvo que Argentina puede mantener cooperación internacional “sin resignar soberanía”. Además, el Gobierno ratificó que no volverá a integrarse a la OMS, al considerar que el organismo tuvo un rol negativo durante la pandemia y representó muchas de las políticas sanitarias que hoy sectores del oficialismo siguen cuestionando.

El cruce volvió a mostrar hasta qué punto la pandemia sigue marcando la discusión política incluso varios años después. Lo que comenzó como un debate sobre cuarentenas y restricciones terminó transformándose en una discusión mucho más amplia sobre el rol del Estado, los organismos internacionales y hasta sobre quién debe tener autoridad para tomar decisiones en una emergencia sanitaria.

La pandemia dejó mucho más que una crisis sanitaria. También dejó una enorme crisis de confianza. Las restricciones, el impacto económico de la cuarentena y episodios como el vacunatorio VIP o la fiesta en Olivos terminaron dañando la relación de gran parte de la sociedad con las autoridades sanitarias, los expertos e incluso los organismos internacionales que respaldaban muchas de esas medidas. En ese contexto, el rechazo a la OMS dejó de ser algo minoritario y pasó a convertirse en una bandera política para sectores que veían en la pandemia un ejemplo de exceso estatal y avance sobre las libertades individuales.

Javier Milei logró capitalizar gran parte de ese malestar y convertirlo en una decisión concreta de gobierno. Pero el brote de hantavirus volvió a mostrar que las amenazas sanitarias no desaparecieron con el fin del COVID 19. Y aunque muchas de las críticas a la gestión de la pandemia hayan sido válidas, eso no significa que cualquier reacción posterior también lo sea. La discusión ya no pasa solamente por el rol que tuvo la OMS durante el coronavirus, sino también por qué lugar debería ocupar la cooperación internacional frente a futuras emergencias sanitarias.

El problema es que, en muchos casos, el debate dejó de centrarse en cómo mejorar las políticas sanitarias y pasó a convertirse en una discusión puramente política e ideológica. La salida de Argentina de la OMS parece ir en esa dirección: una decisión tomada más como reacción a todo lo que representó la pandemia que como parte de una estrategia sanitaria concreta.

Y ahí es donde aparece la principal cuestión. Porque más allá de las críticas válidas que pueda haber hacia la OMS, los brotes y las emergencias sanitarias siguen existiendo. El hantavirus volvió a demostrarlo. Y aunque en Argentina se crea tener la capacidad para responder por cuenta propia a estas cuestiones, alejarse de espacios de cooperación internacional por motivos políticos puede terminar debilitando herramientas importantes frente a futuras crisis. El riesgo es que el enojo que dejó el COVID termine influyendo en decisiones que deberían discutirse más desde la salud pública que desde la ideología.

  • Por Máximo Hoch. 

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