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¿Por qué nos convocan algunos temas?

Por Zani Della Negra - 20 de agosto de 2026
¿Por qué nos convocan algunos temas?

El día 6 de agosto del 2026 estaba pactada en la Cámara de Senadores la votación de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Horas antes, el oficialismo retiró el capítulo que reformaba el régimen de venta de tierras rurales, después de perder el respaldo de gobernadores aliados en Neuquén y Tucumán. El retiro se debió, sobre todo, a un rechazo lo suficientemente amplio y homogéneo, como para hacer recular al gobierno. Desde organizaciones sindicales y oposición partidaria, hasta sectores eclesiásticos, figuras de la cultura y medios afines al oficialismo se proclamaron en contra de esta ley. Al momento de la votación, la represión policial alcanzó a los manifestantes que igualmente se habían acercado al Congreso para reclamar sobre los puntos de “desalojos” y “expropiaciones”. La ley terminó obteniendo media sanción, pero sin algunos de los apartados originales. Desde el bloque oficialista se admitió haber perdido la batalla comunicacional y destacaron un fervor patriótico en torno a la causa. Todo esto está reconstruido en una nota de La Nación (2026).

Sin embargo, el punto de este artículo no es tratar el proceso legislativo por el que se promulga o no una ley, sino detenernos en la conmoción social que generó el proyecto de la llamada “Ley de Tierras”. La intensidad del rechazo se expandió por sectores ajenos a la política partidaria, de un modo en que pocas causas lo hacen. Allí es donde debemos indagar, ya que el rechazo a la ley no pareció apoyarse únicamente en una objeción económica o ambiental, sino en un significante que aparece en escasas causas: la soberanía y el sentimiento patrio. La pregunta, entonces, no es simplemente por qué la venta de tierras genera rechazo, sino por qué, entre disposiciones de una misma norma con implicancias comparables, fue esta la que logró interpelar a un arco tan amplio.

Encuadre

Para poder comprender los modos en que un problema o una causa se constituye como una con significante patrio, debemos entender cómo se “encuadran” los fenómenos. En la primera acepción sociológica del concepto, Erving Goffman (1974) alega que el frame es un esquema interpretativo según el que podemos reconocer los marcos y significantes atados a las situaciones que vivimos, actuando en consecuencia. Ahora, este marco no se genera de manera autónoma o individual, es social, se construye y disputa colectivamente.

Robert Entman (1993) bajó ese concepto a una definición operativa, la que efectivamente sirve para analizar un conflicto público, afirmando que encuadrar es seleccionar ciertos aspectos de una realidad y volverlos salientes en un texto, de modo que ese encuadre promueva una definición del problema, un diagnóstico de sus causas y un juicio moral sobre los responsables. Esta capacidad de instalar y resaltar partes de un texto no describe neutralmente una ley, sino que compite por el sentido con el que la sociedad va a leerla. Esa competencia no la libra un único actor, se disputa entre comunicadores que eligen qué contar, los dirigentes que eligen qué palabras usar y una cultura previa que vuelve algunos encuadres más disponibles y fáciles de aceptar que otros.

Estos repertorios culturales previos y los modos en que se trata un problema son los que nuclean esta idea que presentamos al principio sobre la soberanía y el sentimiento patrio. El caso predilecto para remitir a este fenómeno es la causa Malvinas. Una encuesta difundida por la Cancillería en 2022 mostró que el 81,4% de la población cree que el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas debe continuar, con niveles de acuerdo similares en todas las franjas etarias y regiones del país (Cancillería Argentina, 2022). Recientemente, otros informes llevan esa cifra al 93% (CEOP Latam, 2026), un avasallante apoyo para una causa que atraviesa al arco político y genera apoyo desde todos los sectores de la sociedad, a pesar de la división que genera el tema fuera del país.

Rosana Guber (2001) fue quien mejor reconstruyó cómo se formó ese consenso, no como un acuerdo espontáneo y uniforme, sino como una causa que significó cosas distintas para actores diversos. Fue tomada por las cúpulas militares como un fenómeno instrumental de reivindicación de su régimen, algo que tuvo un efecto contraproducente, luego recuperado por los excombatientes y otros sectores de la sociedad. Estas lecturas conviven, es decir, la causa nacional no borra la guerra absurda, la superpone. Más de cuarenta años después, lo sedimentado socialmente fue la lectura nacionalista, no la guerra en sí –lo cual dice bastante sobre qué tipo de encuadre tiende a persistir y cuál tiende a perderse en el camino–.

Ese fenómeno nacional revivió y se resaltó, además, de la mano de otro fenómeno de popularidad inmensa: el fútbol. En el Mundial de México 1986, el 2 a 1 de Argentina sobre Inglaterra en cuartos de final –los dos goles de Maradona, cuatro años después de la guerra– se leyó de inmediato como algo que excedía el resultado deportivo. Pablo Alabarces (2002) mostró en detalle cómo el fútbol argentino funciona como una de las principales arenas donde se narra la nación, no porque el partido “refleje” a Malvinas sino porque el relato periodístico y social lo encuadra activamente como una revancha. En 2026, el mecanismo se repitió con una literalidad notable: tras eliminar a Inglaterra en semifinales, los jugadores de la selección desplegaron una bandera que leía: “Las Malvinas son argentinas”. Esto está narrado en el texto de Luisina Raimondi (2026) de este mismo medio. Semanas después, la propia cobertura del conflicto por la tierra señaló que parte de la intensidad de la movilización se explicaba por ese fervor patrio todavía activo.

Aquí entendemos que, a menor escala, la "Ley de Tierras" generó un incipiente fervor nacionalista, similar al que aparece en causas como Malvinas (sin la transversalidad total que esta mantiene). Si vemos esto desde el framing, es fundamental analizar cuáles son las cuestiones que construyen causas “nacionales” y cómo se pueden superar las barreras polarizantes.

Entender la tierra como un bien nacional no es, en Argentina, algo particularmente novedoso. Ya en las Bases de Juan Bautista Alberdi (1852), el territorio aparece como el problema fundacional del país. Un punto central del texto que perduró en el tiempo fue “gobernar es poblar”, como formuló este gran intelectual. Si bien la problemática actual es otra, es importante ver la cuestión histórica que rodea a la tierra.

La socióloga argentina Maristella Svampa (2014) actualiza esta matriz al presente. Ella mostró que en Argentina el territorio rural dejó de leerse como un activo económico, para verlo como un bien en disputa entre corporaciones transnacionales, alianzas estatales y comunidades locales, dentro de lo que se llamó el “consenso de los commodities”. La problemática de la tierra atravesó gobiernos a lo largo de la historia argentina, y siempre fue mal vista la entrega de los mismos, como pasó con la original Ley de Tierras (26.737) sancionada en el 2011, bajo un signo político opuesto al actual. Es decir, es una constante que persiste en el tiempo, lo que sugiere que no se trata de una posición partidaria, o siquiera ideológica, sino una gramática disponible para quien sepa activarla.

La nación

La nación, en estos casos, actúa como un significante vacío que cubre a las causas de transversalidad ideológica y las escinde de las discusiones típicas de la cultura política partidaria. Benedict Anderson (1993) afirma que la nación es una comunidad imaginada, sostenida por dispositivos de comunicación que generan, entre desconocidos que nunca se van a encontrar, una sensación de fraternidad horizontal. Ese sustrato afectivo es lo que hace posible, en principio, que cualquier causa particular pueda en algún momento “engancharse” a un sentimiento de pertenencia compartida. Esto aparece en la jerga argentina con la idea del “paisito”, una nación pensada en diminutivo, que aparece únicamente en las particularidades de las causas específicas o eventos puntuales.

Pero Anderson no explica por qué es esta demanda y no otra la que ocupa ese lugar. Para eso utilizaremos lo que Ernesto Laclau (2005) entiende como significante vacío, que describe cómo una demanda particular puede perder especificidad técnica y volverse representativa de una cadena de equivalencias más amplia (soberanía pasa a ser: agua, tierra, Malvinas, etc.). La cuestión de la tierra tomó un tinte que, por ejemplo, no ocurrió con los “desalojos” o las “expropiaciones”, que también se abordaban en el proyecto de ley y que fueron sancionados sin mayor sobresalto. El problema se movió de la política sectorial, partidaria, para representar un significante mayor que sí misma. Este es el modo en que, justamente, opera el significante vacío de patria o soberanía. Gerardo Aboy Carlés (2001) amplía esta mirada para comprender el mecanismo operativo por el que se constituyen los significantes vacíos. Detrás de la pregunta de: a qué se opone esta ley si no es, necesariamente, reglada por la política partidaria; aparece ese "ellos" (en este caso, serían los capitales extranjeros) que sacarían algo que es "nuestro" (las tierras argentinas). Que ese "nosotros" sea de carácter nacional hace que se superen las barreras polarizantes que suelen acarrear los temas legislativos.

Cierre

Entonces, ¿por qué la Ley de Tierras generó tanta conmoción dentro de la población argentina, mientras que otras leyes pasaron por debajo del radar? Aquí no pretendemos dar la respuesta definitiva a este problema. Afirmar que las tierras son una cuestión fundamental de la soberanía argentina y que el país no las cederá jamás no es el punto de este artículo. En cambio, debemos ver el framing que Entman (1993) definía como "una definición del problema, un diagnóstico de sus causas y un juicio moral sobre los responsables."

En este caso, el mismo gobierno entendió que perdió la batalla por el framing. No lograron definir el problema en su acepción económica o en la vertiente de crecimiento del país, las causas de la ley nunca fueron claras y desde los sectores opositores rápidamente surgieron reclamos “entreguistas” o de falta de soberanía. Desde esa misma oposición se utilizó un fervor nacionalista coyuntural, reciente tras el Mundial de fútbol y los eventos ligados a la causa Malvinas, dejando una reserva de patriotismo que se puede ver en el número de banderas argentinas colgadas en casas, autos y comercios. Entendemos que esa causa reactivó el significante vacío de la soberanía y la patria, a donde se plegó la causa por las tierras. Esto se hizo porque hubo un aparato comunicacional que lo instauró y, a su vez, porque existe un claro resabio histórico que facilita esta significación. También se promulgó una noción de que los “responsables” de esta ley o los “enemigos” eran aquellos “otros”, los capitales extranjeros que venían a tomar las tierras “nuestras”.

Por último, queremos aclarar que esta “derrota” legislativa no significa que el gobierno vaya a caer en picado, ni mucho menos. La “nación”, como significante en sí, no significa nada electoralmente, pero sí alinea detrás ciertas causas que toman ese significante vacío de soberanía o de patria: las tierras son la última de estas.

Referencias

  1. Aboy Carlés, G. (2001). Las dos fronteras de la democracia argentina: la reformulación de las identidades políticas de Alfonsín a Menem. Homo Sapiens.
  2. Alabarces, P. (2002). Fútbol y patria: el fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina. Prometeo.
  3. Alberdi, J. B. (1852). Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Imprenta del Mercurio.
  4. Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1983).
  5. Cancillería Argentina. (2022). Más del 80 por ciento de la población argentina respalda el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
  6. CEOP Latam. (2026, julio). El Mundial y Malvinas [Informe de opinión pública]. Difundido por C5N y Minuto Uno.
  7. Entman, R. M. (1993). Framing: Toward clarification of a fractured paradigm. Journal of Communication, 43(4), 51-58.
  8. Goffman, E. (1974). Frame analysis: An essay on the organization of experience. Harvard University Press.
  9. Guber, R. (2001). ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda. Fondo de Cultura Económica.
  10. Laclau, E. (2005). La razón populista. Fondo de Cultura Económica.
  11. La Nación. (2026, 5 de agosto). El Gobierno se quedó sin el capítulo de tierras: el derrotero que hizo que el oficialismo no pudiera sostener una iniciativa clave.
  12. Raimondi, L. (2026). Argentina le ganó a Inglaterra: lo que despierta Malvinas. Politeia
  13. Svampa, M., & Viale, E. (2014). Maldesarrollo: la Argentina del extractivismo y el despojo. Katz Editores.
Sobre el autor

Zani Della Negra

Zani Della Negra es Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional de San Martín (IDAES-UNSAM) y forma parte del Área de Análisis Político de Fundación Politeia.