Los suicidas del fin del mundo. El suicidio como hecho social

Presentación.
El suicidio es una problemática que afecta a sociedades y culturas de todo el mundo. Suele tratarse como una problemática individual, pero, argumentamos aquí, es también un fenómeno social. Hace años que esta forma de muerte violenta se mide y se cuantifica, y este año volvió a problematizarse a raíz del aumento de la tasa anual. En 2025, según el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), 5.209 personas se quitaron la vida en la Argentina (un 22,6% más que en 2024), con una tasa de 11,8 cada 100.000 habitantes (Ministerio de Seguridad de la Nación, 2026). Son más de catorce muertes por día; casi ocho de cada diez víctimas son varones y la mayor concentración se da entre los 18 y los 34 años (Tibiletti, 2026).
Este dato no es un outlier, sino parte de una tendencia. Entre 2017 y 2025 los casos pasaron de 3.304 a 5.209, un 57,7% más, y desde 2023 el suicidio es la principal causa de muerte violenta del país (Garabetyan, 2026). Entre las preocupaciones que aquejan al país, esta fue muchas veces relegada, pero la potencia de los números no hace otra cosa que ratificar un secreto a voces: en Argentina, cada año se suicida más gente.
Entonces, ¿por qué es importante tratar este fenómeno desde una perspectiva social? Y, más importante ¿cuáles son las causas de este aumento repentino? La primera pregunta nos llevará por un recorrido que comienza con Émile Durkheim y finaliza en algunas de las principales conceptualizaciones de la Salud Mental Comunitaria, la psicología social y la sociología moderna. La segunda es mucho más compleja y, evidentemente, no se puede reducir a un hecho único, pero tenemos indicios para comenzar a despejarla.
El suicidio como hecho social.
Si queremos comprender el suicidio como un fenómeno social, es fundamental empezar por uno de los fundadores de la sociología y su libro cumbre: El suicidio, de Émile Durkheim (1897/2004). Lo que plantea el autor francés es que la tasa de suicidios muestra una regularidad año a año; es decir, hay factores sociales que producen orden en un fenómeno hasta entonces visto como puramente individual. Lo explica mediante una tipología y una serie de causas asociadas. Dicho en términos académicos, se busca comprender la incidencia que el grado de integración de distintos medios sociales tiene en la determinación de darse muerte voluntariamente (Cingolani et al., 2018)
Se plantean dos ejes y cuatro tipos. El primero refiere al lazo que se tiene con la sociedad y con la comunidad de la que se es parte: allí aparecen el suicidio egoísta (lazo flojo con la sociedad) y el altruista (exceso de lazo). El segundo es la normatividad: el suicidio anómico (falta de norma) y el fatalista (opresión normativa, apenas desarrollado por Durkheim).
Como dijimos, esto funciona apenas como un marco teórico general para abordar la problemática. Nos acerca a una conceptualización central: el suicidio se explica por la vida en sociedad, por la falta o el exceso de norma y de integración. Desde allí podemos inferir que modificaciones en la normatividad o en la integración de una sociedad podrían generar modificaciones en la tasa anual de suicidios.
Una teoría centenaria requiere actualización y contextualización. Pamela Sosa (2022) realizó esa actualización de la teoría durkheimiana para analizar el aumento de los suicidios en la provincia de Santa Cruz en los años noventa. Lo novedoso que plantea la autora (la tomamos de ejemplo por el carácter local de su investigación) es una articulación entre las cuestiones normativas y las de integración: la tipología clásica, esquemática, no permite ver la multiplicidad de factores que afectan al suicidio. Es una revisión de la tipología que también encontramos a nivel internacional, por ejemplo en Baudelot y Establet (2008)
Ella prefiere hablar de “tejido social” como un modo general de analizar la vida en sociedad. Esto contempla cuestiones demográficas, regulaciones estatales, reformas económicas y fenómenos como el desempleo, el estatus social, el rol de la escuela y la violencia en sus diversas formas (doméstica, familiar, laboral, etc.) (Sosa, 2022). El informe de la Cátedra de Sociología General de la Universidad Nacional de La Plata (Cingolani et al., 2018) también aborda esta temática y muestra las consecuencias concretas que tienen los fenómenos sociales en las tasas de suicidio. Los aumentos repentinos en localidades o en grupos sociales concretos suelen explicarse por cambios en la política pública, desconexión comunitaria, fenómenos climáticos o situaciones sociales que inciden en la psiquis. Esto se puede ver en el caso de los excombatientes de Malvinas, de los que se estima que unos cuatrocientos se suicidaron desde el fin de la guerra (Lorenz, 2014, citado en Cingolani et al., 2018), o en el de Las Heras, analizado por Sosa (2022) y en la célebre investigación de Leila Guerriero, Los suicidas del fin del mundo (2005).
Entonces, ¿qué pasó ahora?
Esta pregunta es clave. La suba repentina de la tasa de suicidios se suma a una tendencia ascendente que viene en alza desde hace casi una década. No puede tratarse como un fenómeno social aislado ni como una particularidad individual, debe atenderse con la prioridad que amerita un hecho social de esta magnitud.
Un artículo de Cenital de Paz Tibiletti (2026) recupera estas mismas preocupaciones e indaga en las miradas de distintas referentes del tema. Alicia Stolkiner, licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y una de las principales referentes latinoamericanas en Salud Mental Comunitaria, afirma que “La pandemia ha sido un hecho traumático colectivo y va a llevar mucho tiempo elaborarlo. Pero, además, aceleró transformaciones que venían sucediendo a nivel global: la acumulación de riqueza y el aumento de la desigualdad en Argentina y el mundo fue impresionante, y eso vino de la mano de la ruptura de los lazos comunitarios que generan condiciones para que aumente el sufrimiento”.
Laura Poverene, doctora en Salud Mental Comunitaria por la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y especialista en Problemáticas Sociales Infanto, apunta que “El suicidio no puede ser reducido a un problema individual o psicopatológico, ni descontextualizado”: “La pandemia operó como un catalizador de procesos. La emergencia sanitaria suspendió transitoriamente los espacios de socialización y los rituales cotidianos que sostenían nuestra vida en común: las escuelas, los clubes, los espacios de trabajo y de recreación. Ese aislamiento alteró profundamente nuestros modos de vinculación y profundizó, incluso terminada la pandemia, sensaciones de soledad y desamparo. Los datos respaldan rápidamente estas afirmaciones, con un aumento acelerado de las tasas de suicidios desde el año 2020, algo que no ocurre con otras muertes violentas".

Ahora, quedarnos con esta tendencia de aumento sería un análisis insuficiente cuando se observa un salto de más de dos puntos en la tasa de suicidios para el año 2025. Aún falta un año para confirmar que este aumento sea continuo, pero el dato resulta cuanto menos alarmante. Toda explicación a este fenómeno será parcial, no existe una investigación profunda detrás y este artículo plantea únicamente abordajes exploratorios. Fenómenos particulares de este año podrían agravar la problemática: aumentos en apuestas online, el endeudamiento, la informalidad o el desempleo (Perfil, 2026).
Entonces, la pandemia fue un punto de quiebre, las crisis económicas profundizan el fenómeno; las apuestas online, la deserción escolar, la inestabilidad laboral y la morosidad pueden incidir. Sin embargo, la pérdida del lazo social y las comunidades de referencia es el núcleo del problema y su recuperación la fuente de la solución.
Conclusiones.
En medio de este fenómeno, complejo e incierto, resuena constantemente una idea que puede tener algo de cierto: esto es culpa de la tecnología. Concordamos con esta afirmación, pero la complejizamos. No es la tecnología en sí lo que incide en la tasa de suicidios, sino las lógicas que rigen los espacios digitales
Si comprendemos que el suicidio tiene mucho que ver con la integración social y con la norma, entonces un espacio de socialización permanente, donde las reglas son dúctiles y cambian constantemente, y donde romperlas puede llevar a una rápida desintegración social, acentúa las razones de exclusión y de individualización. Aquí aparecen la anomia y el egoísmo juntos. La trillada liquidez de la modernidad (Bauman, 2000) desestabiliza los lazos sociales y desarticula las normas; la sociedad digital no hace más que acelerar estos procesos y desagregar a las personas. Los lazos comunitarios se pierden y la nimia esperanza de futuro afecta particularmente a los jóvenes
A esto, agrega Alberto Marani, actual presidente del Colegio de Psicoanalistas, en una nota de Perfil, que “todo lo que tenga que ver con el agregamiento comunitario” puede actuar como protección. Más gente yendo a clubes, escuelas, grupos de pares y otras instituciones (Perfil, 2026). Allí está la tentativa de abordaje de esta problemática. Cuando el suicidio tiene que ver con la desesperanza y la pérdida comunitaria, se debe reforzar ese mismo sentido de comunidad y proveer certidumbre para proyectar el futuro.
Referencias
- Baudelot, C. y Establet, R. (2008). Suicide: The hidden side of modernity (D. Macey, Trad.). Polity Press. (Obra original publicada en 2006, Suicide: l'envers de notre monde, Éditions du Seuil).
- Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida (M. Rosenberg y J. Arrambide Squirru, Trads.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 2000).
- Bonanno, D. E., Ochoa, L. J., Badano, F. M., Bernasconi, S. V. y Alfani, M. S. (2022). Tendencia de mortalidad por suicidios en Argentina entre 1990 y 2019. Revista Argentina de Salud Pública, 14, 1-7. https://doaj.org/article/05aa5c703efc496e86bd560f3f90bba7
- Cingolani, F., Ojeda, G., Pozzio, M. R. y Scalcini, C. (2018). El suicidio como hecho social: de la obra de Durkheim al conversatorio «Jóvenes, identidad, sociedad» organizado por Cátedra de Sociología General FP-UNLP (2017). Anuario Temas en Psicología, 4, 261-274.
- Durkheim, É. (2004). El suicidio: Estudio de sociología (M. Arranz, Trad.). Losada. (Obra original publicada en 1897).
- Garabetyan, E. (2026, 31 de agosto). Suicidios en Argentina: alcanzaron un récord en 2025 y son la principal causa de muerte en jóvenes. Perfil.
- Guerriero, L. (2005). Los suicidas del fin del mundo: Crónica de un pueblo patagónico. Tusquets.
- Ministerio de Seguridad Nacional. (2026). Informe del Sistema Nacional de Información Criminal: Año 2025.
- Organización Panamericana de la Salud. (2021, 18 de junio). Una de cada 100 muertes es por suicidio.
- Sosa, P. (2022). El crecimiento de los suicidios en Santa Cruz durante la década de 1990. Aportes desde la tesis de Émile Durkheim. Ejes, 6(10), 115-144.
- Tibiletti, P. (2026, 3 de agosto). Radiografía de una emergencia: el suicidio ya es la principal forma de muerte violenta en Argentina. Cenital.
