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¿Y si tu marido votara por vos? El debate que vuelve a Estados Unidos

Por Candela Algarra - 6 de octubre de 2026
¿Y si tu marido votara por vos? El debate que vuelve a Estados Unidos

El fenómeno conocido como tradwife —abreviatura de traditional wife— surgió como una tendencia estética en redes sociales: la esposa que no trabaja, dedicada al hogar y la maternidad. Este movimiento que comenzó como una tendencia estética en TikTok está siendo utilizado, en determinados espacios, como una estrategia política, y figuras como Erika Kirk lo demuestran. El problema no reside en que una mujer opte por ese estilo de vida, sino en el momento en que esa elección individual deja de presentarse como una opción personal y comienza a plantearse como el modelo al que todas las mujeres deberían aspirar.

¿Qué está pasando en Estados Unidos? 

Tras el asesinato de su esposo, Charlie Kirk, Erika Kirk asumió el liderazgo de Turning Point USA, una de las organizaciones conservadoras más influyentes de Estados Unidos que tuvo un papel significativo en el triunfo de Donald Trump en 2024. En junio de este año, la organización celebró una cumbre de Liderazgo Femenino, donde Kirk reunió a miles de mujeres que expusieron ideas conservadoras sobre el matrimonio, la maternidad, los roles de género y, de manera particularmente polémica, varias de ellas defendieron la idea de “un voto por hogar”, es decir, que cada núcleo familiar emita un único voto, ejercido por quien se designa como jefe de hogar, el hombre.

Savannah Stone, una de las oradoras de mayor visibilidad en ese evento, planteó la necesidad de un “retorno al orden familiar básico” y sostuvo que el voto femenino constituyó, un error histórico que debilitó a la familia, hizo retroceder a la sociedad y contribuyó a la pérdida de  los verdaderos valores. En una entrevista realizada durante la Cumbre, algunas mujeres también defendieron la idea de delegar el voto en sus esposos. Una mujer afirmó “mi marido y yo somos una sola carne y quiero que él vote por mí”, mientras que otra sostuvo: “mi hija no va a necesitar votar porque ella se va a casar con un hombre de Dios” (Simpson, 2026).

Si bien, por el momento, se trata de un sector minoritario que apoya estas ideas y no existen proyectos de ley, resulta significativo el cambio de escala del discurso, lo que antes podía aparecer como comentarios aislados de líderes religiosos e influencers, ahora ocupa un escenario con micrófono, producción profesional y una audiencia de miles de asistentes.

Prohibir desde el privilegio 

Un rasgo que atraviesa este fenómeno es la posición social de quienes lo enuncian. Las mujeres que realizan estas declaraciones, que parecen sacadas de El cuento de la criada, hablan desde posiciones de privilegio. Son mujeres que viajan, participan en conferencias, generan ingresos, usan redes sociales y negocian con espacios de poder. Un privilegio que millones de mujeres en el mundo todavía no tienen.

La paradoja es difícil de ignorar, porque muchas de ellas ejercen esa voz y esa visibilidad gracias a derechos conquistados por las mismas mujeres y movimientos que hoy cuestionan. Y desde su posición de privilegio, les proponen a otras mujeres que renuncien al suyo, vendiendo la idea de que es por su bien y que un hombre las va a cuidar. 

Son un grupo de mujeres intentando alzar la voz y utilizar sus plataformas para quitarse derechos a sí mismas y para decirles a otras mujeres que hagan lo contrario a lo que ellas hacen; son mujeres que están construyendo una jaula convencidas de que tienen la llave y de que, por tenerla, nunca serán ellas quienes queden encerradas.

Pero, ¿por qué hay mujeres dispuestas a renunciar a su voto?

Tomando el concepto de “negociación patriarcal” (patriarchal bargaining), desarrollado por la socióloga Deniz Kandiyoti (1988), permite entender que las mujeres no son necesariamente receptoras pasivas de las estructuras patriarcales, sino que también desarrollan estrategias dentro de ellas, negociando con las reglas existentes para obtener seguridad y maximizar sus posibilidades de vida. Es decir, que detrás de estas mujeres puede existir una racionalidad y búsqueda de seguridad. 

En esta seguridad se puede encontrar un componente afectivo, ya que delegar el voto se presenta como un gesto de amor y confianza, y que “sea algo menos de que ocuparse”. Pero también se presenta un componente religioso, se trata del Complementarismo, siendo esta una tesis religiosa que sostiene que hombres y mujeres poseen igual valor y dignidad, pero tienen roles diferentes y complementarios establecidos por Dios, siendo el del hombre liderar y proteger, mientras que a la mujer le corresponde apoyar y someterse a ese liderazgo (Nieto 2026). Es una forma delicada de plantear desigualdad, y Kate Manne (DW Español, 2026) explica que esta idea se instrumentaliza para sostener que existen diferencias naturales entre los sexos que justifican que las mujeres no participen en las decisiones importantes dentro de sus propios hogares. Por lo tanto, el no seguir este camino puede significar para algunas una forma de traición a ese rol. 

Y por qué ahora? 

La reaparición del tema coincide con las elecciones legislativas de medio término previstas para noviembre en Estados Unidos, en un contexto de desgaste en la popularidad del presidente Trump. Sin embargo, tiene un antecedente concreto en las elecciones estadounidenses de 2024, cuando circularon dos proyecciones electorales hipotéticas: una que estimaba el resultado si solo hubieran votado varones, dándole el triunfo a Trump, y otra que estimaba el resultado si solo hubieran votado mujeres, con un triunfo holgado de Kamala Harris (Seisdedos, 2026). A partir de esas proyecciones surgió en redes sociales el hashtag #RepealThe19th (derogar la Decimonovena Enmienda), enmienda que garantiza el derecho al voto femenino. 

Lo llamativo es que, frente a un escenario electoral en el que las mujeres aparecían como un electorado particularmente desfavorable para Trump, la reacción de algunos de sus seguidores no fue preguntarse por qué el candidato generaba tal rechazo entre las mujeres, sino que la respuesta fue plantear si las mujeres deberían tener derecho a votar en primer lugar.

Pero, cómo es que un derecho que era indiscutible, pasó a ser debatible? Esto se puede explicar con “La Ventana de Overton”, es un concepto que describe el rango de ideas que, en un determinado momento, una sociedad considera aceptables o discutibles. La ventana, sin embargo, no es fija, puede desplazarse repitiendo mucho una idea y haciéndola circular. Y en eso está la clave, que no hace falta ganar el debate, a veces alcanza con abrirlo. Entonces, ideas que alguna vez fueron consideradas impensables pueden comenzar a aparecer en el debate público, primero como provocaciones, luego como posiciones legítimas y, eventualmente, como propuestas políticamente posibles. 

Un derecho que hasta entonces se consideraba indiscutible pasa a tratarse como una pregunta abierta, lo cual habilita, potencialmente, que otros derechos comiencen a discutirse en los mismos términos.

Consideraciones finales

Simone de Beauvoir (1980) advirtió, hace más de setenta años, que basta una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ponerse en cuestión, y que estos nunca deben considerarse definitivamente adquiridos. Quizás lo más inquietante de este fenómeno sea que no estamos necesariamente frente a un intento inmediato de quitarlos, sino frente a algo anterior: el intento de convencernos de que pueden ser discutidos.

Quizás por eso el debate sobre el voto femenino debería preocuparnos incluso si quienes proponen limitarlo siguen siendo una minoría. Porque los derechos no comienzan a perderse el día en que se deroga una ley. A veces empiezan a erosionarse mucho antes, cuando dejamos de pensar en ellos como conquistas y comenzamos a tratarlos como privilegios que pueden negociarse, delegarse o incluso abandonarse. No hace falta que mañana desaparezca el voto de las mujeres, alcanza con que hoy volvamos a preguntarnos si deberíamos tenerlo.

Referencias

  1. Beauvoir, S. de. (1980). El segundo sexo.
  2. Becker, A. (2025, 23 de septiembre). Where Turning Point USA’s Erika Kirk stands on gender roles, marriage and motherhood. The 19th News.
  3. DW Español. (2026, 13 de Julio). Mujeres contra su propio derecho al voto: la nueva cara del antifeminismo en EE. UU. DW Español. Retrieved 08 29, 2026, from
  4. Godfrey, E. (2026, 9 de junio). A disorienting weekend with the women of Turning Point. The Atlantic.
  5. Kandiyoti, D. (1988). Bargaining with patriarchy. Gender & Society, 2(3), 274–290.
  6. Littlefield, A. (2026, 11 de junio). Inside the conference where conservative women let loose. The Nation.
  7. Nieto, A. (2026, 13 de julio). Mujeres contra su propio derecho al voto: La nueva cara del antifeminismo [Publicación en Threads]. Threads.
  8. Seisdedos, I. (2026, 2 de agosto). ‘One family, one vote’: The men (and women) seeking to revoke women’s suffrage in the United States. EL PAÍS.
  9. Simpson, K. (2026, 12 de junio). Among Christian conservative women, potential trouble in support for Trump. CBC News.
Sobre el autor

Candela Algarra

Candela Algarra es Licenciada en Gobierno y Relaciones Internacionales, y forma parte del Área de Análisis Político de la Fundación Politeia.