
El 15 de mayo de 2026, el Papa León XIV firmó la primera encíclica de su papado: Magnifica Humanitas. La fecha en que se firma este documento coincide con el 135.° aniversario de Rerum Novarum, la más emblemática de su homónimo León XIII. Con esa mera información ya debería quedar claro que la intencionalidad detrás, el análisis que hace y el corpus programático en que se apoya no son en absoluto casualidad.
Esta encíclica contiene un cuerpo primordialmente teológico y filosófico, pero también un programa social y político sólido. Aquí el enfoque será analizar el momento histórico en el que se inserta este documento, observando particularmente su dimensión social y sus contraposiciones políticas concretas.
Para poder explicar el lugar que ocupa esta encíclica hay que dar un paso atrás en la historia. En 1891, León XIII aborda la siguiente problemática: la revolución industrial había generado una acumulación de poder sin precedentes en manos del capital industrial, lo que había producido un deterioro de las condiciones laborales, algo que el Papa asociaba a una deshumanización. Él comprendía que “lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí” (León XIII, 1891, §15). A lo largo del desarrollo de este documento, las condiciones laborales, la concentración de la riqueza y la transformación del mundo del trabajo se tratan como temas urgentes del momento.
En 2026, León XIV observa una estructura social isomórfica a la de 1891. Así como su antecesor afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, este texto busca responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo.
El problema de fondo que analiza es el mismo que el de 1891: una acumulación de poder en manos de una élite que domina la técnica y un deterioro de las condiciones humanas ligado a dicha acumulación. Frente a esta postura, comprendemos que Magnifica Humanitas plantea una posición sumamente interesante frente a tres grandes problemas de nuestro tiempo: el trabajo, la relación entre el ser humano y la tecnología, y el poder.
En cuanto al trabajo, León XIV lo aborda como una realización del ser humano, a la vez que discute la deshumanización en directo paralelismo con lo planteado en Rerum Novarum. Los cambios en la industria habían generado condiciones inhumanas de labor, muy palpables y concretas desde la distancia, pero que eran una novedad de aquel momento; en la actualidad, el Papa enfrenta las nuevas dificultades de una labor deshumanizante oculta detrás de algoritmos. Si antes las cosas nuevas eran que las personas pudieran ser tratadas como un “engranaje o una mercancía”, ahora el riesgo es que sean utilizadas “como un dato” (León XIV, 2026, §180).
Quizás lo más rico del documento aparece en cuanto a la relación entre el ser humano y la tecnología, una relación siempre cambiante. Aquí no se plantea un ludismo irreflexivo ni la abolición de la tecnología, ni siquiera de la inteligencia artificial. Este argumento denota una superación de las dicotomías entre los dos polos. En cambio, se plantea desarmar la tecnología y la IA, no destruirlas; se comprende que la técnica debe funcionar con los seres humanos en posiciones de decisión sobre ella y que no es “una fuerza antagónica respecto a la persona”(León XIV, 2026, §4), pero debe usarse para proteger y construir, no para controlar u oprimir.
Ahora bien, si se comprende que “las innovaciones tecnológicas –incluida la inteligencia artificial– no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión” (León XIV, 2026, §85), entonces entra en escena la dimensión del poder. Las cosas nuevas de nuestra época están completamente ligadas a lo novedoso de las formas de acumulación de poder –la cultura del poder–, ya que “los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común” (León XIV, 2026, §5).
Entonces, lo que hace Magnifica Humanitas es posicionarse frente a los mismos tecnócratas de los que había alertado el Papa Francisco cuando afirmó que se debía plantear “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (Francisco, 2015, §111). Desde entonces, estos grupos se han articulado ideológicamente y en cuanto a modelos de poder. Aquí un nombre está comenzando a resonar cada vez más: Palantir.
Palantir es una empresa de tecnología que opera en 140 países con el fin de proporcionar a Estados y empresas grandes portales para el análisis de macrodatos, especializados en inteligencia artificial. Fue fundada por Alex Karp y Peter Thiel (dos magnates con una alta formación filosófica). Entre los programas que ofrece la empresa se encuentran Gotham y Foundry. El primero se aplica para vigilancia predictiva, analizando patrones de civiles a partir de matrículas, redes sociales y facturas de servicios; por ejemplo, es utilizado por el ICE para identificar y localizar inmigrantes o “potenciales terroristas” en Estados Unidos. El segundo funciona directamente en zonas de guerra para predecir y planificar ataques armados o construir “domos” de seguridad. Aquí se puede ver claramente que la advertencia que hace el Papa sobre el uso de la IA como “arma” no está planteada en abstracto, sino a partir de situaciones muy concretas.
Karp publicó en 2025 La república tecnológica, un manifiesto político que plantea una alianza entre los sectores tecnológicos y el Estado, en pos de proyectos de hard power de dominación occidental. Entre los puntos que elabora se establece que la deliberación democrática es prescindible, los ciudadanos son datos a procesar y predecir, y la legitimidad del poder no proviene del consenso sino de la eficacia técnica (Karp, 2025). Un antagonismo total con lo planteado en la encíclica.
Lo paradigmático de todo esto, que contrapone dos modos opuestos de comprender la realidad, es que tiene un arraigo real y concreto en la realidad de nuestro país. Argentina es vista actualmente por Thiel como un “experimento” de sus propias ideas libertarias. El magnate tecnológico reside actualmente en territorio nacional.
En este contexto, el Ministerio de Capital Humano anunció el Gemelo Digital Social: un sistema que integraría en una base unificada datos de ANSES, salud, educación, trabajo, migraciones, etc., para “anticipar” políticas públicas mediante inteligencia artificial. Es un salto hacia lo que podría llamarse el “Estado predictivo”: no ya un Estado que responde a problemas sociales, sino uno que pretende modelar la sociedad antes de que los problemas ocurran.
Este tipo de programas es justamente lo que el Papa León XIV advierte en Magnifica Humanitas. Cuando se deja al control de la tecnología y de los magnates que la diseñan el bienestar de un país o de un pueblo, se saca del centro al ser humano, que empieza a funcionar como un engranaje de la maquinaria o como un dato más a acumular.
Retomando el paralelismo entre Rerum Novarum y Magnifica Humanitas: la primera diagnosticó el problema de la cuestión obrera y ofreció vías de solución por medio de un programa teológico y filosófico nombrado como la Doctrina Social de la Iglesia; ese programa debía luego convertirse en un marco político orientado a resolver la cuestión social. En la actualidad opera la misma lógica.
Una institución milenaria como es la Iglesia Católica se pronunció frente a uno de los grandes problemas que acechan a nuestro tiempo: la deshumanización y el reemplazo del ser humano por parte de la tecnología y la IA en manos de unos pocos. La encíclica propone generar marcos jurídicos, una educación activa, vigilancia independiente y una política que no renuncie a su tarea. En 1891 se delimitó el problema y, en base a eso, surgieron movimientos que buscaban atacar las desigualdades de la época; en el presente, estos movimientos dependen de la voluntad política de la ciudadanía, de reflexionar profundamente sobre los problemas que operan en nuestra época y de llegar a soluciones que pongan en el centro al ser humano y al diálogo. Estas soluciones están por venir, los modos en que sean realizadas dependen de cada uno de nosotros.
“Todos podemos dar nuestro aporte (…) Claro, no todos tienen el mismo poder de influir sobre la realidad: hay quienes gobiernan, quienes deciden inversiones, quienes dirigen instituciones, quienes investigan, quienes educan, quienes informan, quienes producen; y hay quienes parecen tener sólo su propia vida cotidiana. Sin embargo, nadie está exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un ámbito propio de acción, y ahí —no en otro lugar— está llamado a elegir si alimenta la lógica de la fuerza —aunque sea sólo con indiferencia, cinismo, mentira y odio—; o si promueve la lógica de la paz —con verdad, sobriedad, cercanía y cuidado—.” (León XIV, 2026, §212)
Por Zani Della Negra.
Bibliografía:
Francisco. (2015). Laudato Si’: Sobre el cuidado de la casa común. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html
Karp, A. C., y Zamiska, N. W. (2025). La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente (F. Pedrosa, Trad.). Tenos.
León XIII. (2003). Rerum Novarum. Palabra. (Obra original publicada en 1891). https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
León XIV. (2026). Magnifica Humanitas. Santa Sede. https://[url oficial cuando esté disponible]
Zuboff, S. (2019). La era del capitalismo de la vigilancia. Paidós.