La semana pasada fue realmente movida en los círculos internos de la OTAN. Un memo interno del Pentágono, filtrado en los últimos días, reveló que Estados Unidos está evaluando revisar su posición de reconocimiento soberano del Reino Unido sobre las Islas Malvinas, lo que generó un fuerte revuelo tanto en Argentina como en el Reino Unido.

En los últimos meses, Estados Unidos se fue involucrando cada vez más en el conflicto con Irán, asumiendo un rol central en la escalada. Washington, que lidera las operaciones y sostiene gran parte del esfuerzo militar, solo cuenta con Israel como su principal -y prácticamente único- aliado activo en el terreno.
En contraste, el resto de los países de la OTAN adoptaron una postura mucho más cautelosa. Incluso el Reino Unido, uno de los socios históricos de Estados Unidos, evitó involucrarse directamente en el conflicto y se mantuvo al margen de las acciones militares, lo que generó malestar en Washington, que esperaban un acompañamiento mayor de sus aliados.
En ese contexto, las tensiones escalaron también en el plano político. Donald Trump apuntó contra el primer ministro británico, Keir Starmer, llamándolo de cobarde y cuestionando su negativa a involucrarse militarmente. Desde el Pentágono, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó ese malestar al advertir que la guerra dejó en evidencia las tensiones dentro de la alianza y que una coalición pierde sentido si sus miembros no están dispuestos a apoyarse en momentos clave.
Fue en base a esto que se filtró el memo del Pentágono. El documento plantea una serie de posibles medidas para presionar a aliados que no acompañaron a Estados Unidos en el conflicto, incluyendo sanciones, limitaciones en la cooperación militar y la revisión de ciertos compromisos estratégicos. Entre esas opciones aparece un punto particularmente sensible: la posibilidad de reconsiderar el apoyo histórico de Washington al Reino Unido en la disputa por las Malvinas.
Aunque la mención a las Islas Malvinas puede sonar, a primera vista, como una buena noticia para la Argentina, lo cierto es que no implica necesariamente un cambio real en la postura de Estados Unidos. No se trata de una decisión tomada, sino de una opción más dentro de un contexto de tensión con sus aliados.
En ese sentido, la posibilidad de revisar el apoyo al Reino Unido parece estar más vinculada a la necesidad de Washington de marcarle la cancha a los países que no acompañaron su postura frente a Irán. Más que un gesto hacia la Argentina, la cuestión Malvinas entra en juego como una ficha dentro de una disputa más grande entre potencias, pero que, en la práctica, difícilmente termine cambiando algo concreto.
La filtración, por obvias razones, genero un gran revuelo tanto en Reino Unido como en Argentina.
Del lado del Reino Unido, la respuesta muy contundente. Desde el gobierno de Keir Starmer remarcaron que la soberanía de las Islas Malvinas “no está en discusión” y que el principio de autodeterminación de los isleños -que ellos argumentan que se demostró en el referéndum ilegal del 2013- seguirá siendo la base de su posición. Además, en esa línea, buscaron bajarle el tono a la filtración y dejar en claro que no esperan cambios en el escenario actual.
En Argentina, en cambio, las declaraciones fueron más optimistas. El presidente Javier Milei habló de avances en el reclamo y sostuvo que su gobierno está haciendo “todo lo humanamente posible” para que las islas vuelvan a manos argentinas.
Sin embargo, más allá del tono positivo, el episodio también deja expuesta cierta falta de claridad en la estrategia oficial, ya que el reclamo histórico convive con señales contradictorias. Por un lado, es cuestionable la falta de una postura firme frente al avance de la explotación de recursos en la zona, como el proyecto petrolero impulsado por la británica Rockhopper junto con la israelí Navitas, que no fue planteado por el presidente Javier Milei en su reciente encuentro con Benjamin Netanyahu. Por otro, también es llamativa la ausencia de críticas contundentes frente a las maniobras militares del Reino Unido en el Atlántico Sur.
Para la Argentina, cualquier señal que parezca acercar la posibilidad de recuperar las Islas Malvinas inevitablemente genera expectativa. Pero la historia reciente muestra que, en la política internacional, las grandes potencias suelen mover este tipo de temas según sus propios intereses y necesidades del momento. Hoy, la posibilidad de que Estados Unidos revise su postura parece estar mucho más ligada a sus tensiones con la OTAN y al conflicto con Irán que a una decisión real de respaldar el reclamo argentino. Por eso, más que ilusionarse con gestos o filtraciones, el desafío para la Argentina sigue siendo construir una estrategia clara y sostenida en el tiempo para mantener vivo su reclamo legitimo de soberanía.
Fuentes:
https://www.reuters.com/world/pentagon-email-floats-suspending-spain-nato-othersteps-over-iran-rift-source-2026-04-24/
https://www.theguardian.com/uk-news/2026/apr/24/uk-position-falklandsunchanged-leaked-pentagon-memo
https://www.perfil.com/noticias/internacional/malvinas-que-hay-detras-del-giro-detrump-y-el-vacio-estrategico-del-gobierno-libertario-a39.phtml
https://www.infobae.com/politica/2026/04/25/expectativa-y-cautela-en-el-gobiernosobre-malvinas-tras-un-posible-cambio-en-la-postura-de-estados-unidos/